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LA MUERTE DEL CIO

La situación nunca ha sido tan crítica. Los ejecutivos IT que se quedaron en los 90 (o incluso en 2006) tienen los días contados.

 

 

¿Recuerdan a aquellos expertos en la bolsa que escribieron libros, hace unos años, en los que predecían que el índice Dow Jones superaría los 30,000, 36,000 o 40,000 puntos de un momento a otro?

Mejor para usted si no los recuerda. Como comentaba hace poco un cliente en Amazon.com, sobre uno de aquellos habladores: “Al menos estoy seguro de que ese individuo probablemente está ahora viviendo en una caja de cartón bajo un puente o duerme con pijama de poliéster que se habrá agenciado del Ejército de Salvación”.

Si quiere aventurarse con predicciones, lo que reditúa es mantenerse dentro del mismo código postal de la realidad. Pregunte a Nicholas Carr, cuyo artículo “Las IT no importan“, en el número de mayo de 2003 de la Harvard Business Review, adoptó un tono más blando con el título “¿Importan las IT?” cuando lo amplió para transformarlo en libro. El autor aún es tomado en serio como autor y conferencista de keynotes porque sabe templar su controvertida postura en una variedad de temas IT -desde el cloud computing hasta la empresa digital-, siempre que las evidencias indican que las cuestiones subyacentes tienen sus matices.

Otro reciente blanco de los tiros de los sabelotodo es la profesión de CIO. “El CIO está muerto, o lo estará de aquí a cinco años”, dicen los CEO Ian Campbell y Johan Qualls. “Nadie necesita jefes de información”, comenta en su blog Colin Beveridge, ex director IT en el Reino Unido.

Toda esta palabrería produce blogs y columnas entretenidos, incluso si muchos de estos sabihondos acaban desdiciéndose de sus perturbadoras declaraciones.

Pero también hay cierta verdad oculta. Profesionales IT, académicos, consultores, analistas y demás ven una confluencia de eventos y tendencias que marginan al CIO o bien lo someten a un intenso escrutinio sin precedentes.

Es cierto que los CIO se encuentran bajo fuego financieramente, en particular a medida que cada vez más le reportan al CFO y no al CEO, además de que el ambiente actual fuerza a examinar en las empresas el valor del business technology desde el fracaso de las punto-com. Los CIO no están tan en el centro de la compra IT como antes, pues los dueños de la línea de negocio y los usuarios finales aportan sus propios dispositivos y aplicaciones, y esquivan al área IT. El tiempo y presupuesto para el CIO siguen viéndose abrumados por sistemas heredados, en un momento en que los CEO demandan que las inversiones sean las que impulsen el crecimiento. Y para colmo el outsourcing, el cloud computing y otros nuevos modelos de entrega IT están arrebatando de las manos del CIO algo de control. Pero la profesión de CIO dista de estar muerta para quienes están ansiosos por enfrentarse a los retos arriba citados.

Más aún, las demandas de la globalización y la reinvención del negocio elevarán a los CIO más perspicaces a convertirse en dueños de los procesos de negocio, integradores magistrales y, a la postre, en confiables innovadores. El puesto de CIO nunca -nunca- ha sido tan crítico.

Eso sí, para aquellos ejecutivos IT que se apegan al viejo modelo ‘reduccionista’, donde los procesos de negocio son apeñuscados dentro de las capacidades de un sistema (piénsese en los ERP), los días están contados, según Beveridge.

Ese modelo es incompatible con las actuales condiciones y prioridades de los negocios, sometidos siempre a rápidos cambios. “La ambigüedad, la variedad y la complejidad son conceptos ajenos a la mayoría de las personas que trabajan en las IT,” opina Beveridge, al tiempo que sostiene que la mayoría de los profesionales IT serán conducidos como rebaño a la función de soporte del negocio. “Las IT no son el negocio, por mucho que pensemos que sí.”

No acepto esta parte del análisis de Beveridge. Se equivoca por completo si piensa que los CIO y su gente no pueden estar a la altura de los evolucionantes programas de los negocios, pero tiene razón si a lo que se refiere es a que quienes no lo estén serán relegados a papeles menores… o sencillamente morirán, para usar la jerga de los sabelotodo.

Incluso si usted no es CIO ni aspira a serlo debe entender que la estatura y efectividad de ese puesto penetra la entera organización de la tecnología del negocio. Así que mejor preste atención.

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Raphael Garcia, ventas Emerson