El nuevo estándar 802.11n es complejo, y aun con una planeación esmerada es posible que no a todo el mundo le resulte.
No hay que equivocarse: incluso en su posición de bosquejo, el 802.11n está ya cambiando el juego. El todavía tierno estándar promete células de mejor calidad, que se beneficiarán de disposiciones de antena de múltiples entradas y salidas (MIMO, por sus siglas en inglés), y sus resultados son, como mínimo, iguales a los estándares 11a y 11g a 54Mbps, pero en un ambiente más estable. Y, lo mejor, estos resultados son sorprendentes por tratarse de que los datos viajan a velocidades de triple dígito.
El inconveniente es que, en materia de análisis, las avanzadas características del naciente estándar pueden volver muy lenta la solución de los problemas.
Cuando se intente estrujar el ancho de banda al máximo en redes 802.11n o se pretenda entregar conectividad a tantos usuarios como sea posible en un ambiente 11n, se requerirá planear y evaluar a detalle los nuevos ambientes inalámbricos de que se disponga. Y sin las herramientas de monitoreo acertadas, será difícil salir del atolladero.
COMENZAR CON LO BÁSICO. Para salir airoso en un mundo 802.11n, los administradores inalámbricos requieren hacer cierta labor previa. El 802.11n trae consigo todo un nuevo vocabulario y nuevos conceptos que es preciso dominar.
Primero, los administradores necesitan conocer a fondo el funcionamiento del estándar, actividad que ya se antoja compleja de por sí. Posteriormente, hay ciertas preguntas complicadas por resolver: ¿debe la organización maximizar la eficiencia de la red con velocidades de rendimiento vertiginosas, pero que bloquearán a ciertos clientes? ¿O es más apropiado el modo de compatibilidad, que permitirá que lo aprovechen más usuarios que usan todavía software anterior, aunque entonces las velocidades de células serán más lentas? ¿Qué decir de las opciones especiales, como la agregación de unidades de paquetes (frames), para evitar interferencias en las emisiones? ¿Cuántos flujos espaciales se pueden emplear en realidad, tomando en cuenta la constitución de los clientes inalámbricos y la infraestructura de los switches?
Tras determinar qué opción de configuración se ajustará mejor a determinado ambiente, los administradores de redes inalámbricas 802.11n necesitarán cerciorarse si las herramientas de análisis de que disponen funcionarán bien con dicha tecnología inalámbrica, y revisar qué nuevas herramientas de soporte requerirán comprar.
En el caso de organizaciones que necesiten actualizar su infraestructura para el nuevo estándar, habrá que destinar, además, un presupuesto que quizá estaba pensado para otros proyectos IT. Pero aun enfrentándose a considerables costos inmediatos, las ventajas de un ambiente inalámbrico de alta velocidad (como una mayor movilidad y portabilidad) volverá imperativa su adopción.
Junto con un mejor ambiente de radio, 802.11n optimizará el desempeño de las aplicaciones que corran sobre él. Por ejemplo, el flujo de video y voz inalámbricos a través de una LAN inalámbrica (WLAN) funcionarán de forma más confiable y predecible con 802.11n, y aunque la ratificación del estándar final quizá tarde todavía un año, hay proveedores que ya ofrecen herramientas capaces de soportar el estándar, lo cual facilita su implementación.
TAN FÁCIL, NO ESTÁ. Antes de instalar redes 11n (o actualizar las actuales a/g al nuevo estándar), las empresas tendrán que revisar los espacios que cubrirá y las áreas donde viven las actuales WLAN. Esto, porque 802.11n funciona en las mismas rebanadas de frecuencia (2.4 y 5 GHz) que a/g.
Como en otras implementaciones de red inalámbrica, tras la instalación habrá que monitorear el espacio aéreo en busca de señales en competencia u ofensivas, y analizar los paquetes, sea con herramientas comerciales o de fuente abierta, para descubrir si hay problemas de conectividad o con las aplicaciones. Son premisas básicas que no se alteran con 802.11n, pero los mecanismos subyacentes pueden cambiar de aspecto, dependiendo qué herramientas se manejen.
Las herramientas de análisis del espectro de 802.11 a/g de AirMagnet, Cisco y otros encontrarán todavía ruido e interferencias. Es lógico esperar que los analizadores detecten, al cabo, dispositivos 802.11n, junto con todo lo que pueden clasificar hoy.
En cuanto a productos para realizar las revisiones, el 802.11n complica realmente las cosas. Las células tienden a tener una mayor velocidad de datos a mayores distancias, por lo que es preciso reaprender los procedimientos de revisión. Para colmo, el nuevo estándar puede usar múltiples enlaces de canales que duplican la amplitud del espectro (para alcanzar mayor velocidad de los datos), así que los proveedores de herramientas de revisión requieren ajustarse a las nuevas opciones en sus distintas combinaciones permitidas para las células 11n.
Asimismo, las antenas MIMO en sus diversas configuraciones pueden alterar drásticamente la forma y tamaño de determinada célula. De nuevo, las herramientas de modelado y revisión, si son realmente efectivas, tienen que tomar en cuenta todas las variables del estándar.
Finalmente, otro punto a considerar es que, dado que una meta del proceso de revisión es predecir y garantizar (lo más posible) velocidades mínimas de datos, los productos de revisión orientados a 11n deberán tener capacidades de informe gráfico del tipo “what if”, que contengan centenares de escenarios potenciales para cada access point considerado.
MÁS VALE PENSARLO BIEN. El análisis de paquetes inalámbricos ya es complejo en las redes 11 a/g, pero se vuelve más con las 11n.
Debido a MIMO, la ubicación del cliente se convierte en un factor crítico para obtener una lectura precisa del tráfico. Lo ideal es que la captura ocurra en uno o en ambos puntos extremos. Si bien la carga inalámbrica seguirá siendo la misma en redes 11 a/g que en las 802.11n, los headers del tráfico y sus fragmentaciones diferirán, lo que puede causar preocupación a aquellos que deseen profundizar en el análisis de los paquetes.
El enlace de los canales de 802.11n, los diferentes guard intervals que manejan el espacio de las unidades de paquetes, las opciones de agregación de paquetes y el número de antenas, definirán el aspecto del tráfico inalámbrico. Las herramientas de análisis deberán soportar toda la suite de opciones en el estándar aún en bosquejo para que sea efectivo cuando se apruebe la versión final.
Si bien algunas de las herramientas existentes, sobre todo los analizadores de espectro, servirán todavía en las nuevas versiones, en el análisis de paquetes y en la labor de revisión es necesario cerciorarse de que las herramientas estén afinadas para el estándar 802.11n, o los analizadores se perderán de mucho.
La conclusión es que, incluso para los administradores de WLAN que ya llevan mucho tiempo de vuelo, el estándar 802.11n acarreará un nuevo conjunto de situaciones intrincadas que deberán ser resueltas tanto antes como después de la instalación.
