CIO GLOBAL: Aprovechar oportunidades o suspirar mientras se pierden
¿Se habrán pasado ya los mejores días del negocio de la tecnología? Yo casi entiendo que algunas personas abriguen tal pensamiento porque éstas son las épocas que más disfrutan los pesimistas: una economía mundial acosada, incertidumbre en los mercados, prospectivas inseguras de empleo, una tendencia generalizada a evitar riesgos, cuestiones sobre en qué medida son efectivas las IT y, en algunos ambientes, una sensación de que el servidor de hoy será un obstáculo para el de mañana y que la magia transformadora de la tecnología de la información se ha esfumado.
Para aquellos que sientan que van deslizándose hacia esos sentimientos, yo les recomiendo que enderecen su columna vertebral y dediquen más tiempo a pensar en los clientes y las oportunidades que representan, y dediquen algo menos de tiempo a cavilar sobre lo dura que está la situación hoy.
A aquellos que pronuncian las previsiones más aciagas y que han optado por revolverse en lo que piensan que es un acerbo y siniestro destino, cuando en realidad lo que tienen es una evidente falta de ánimo y de responsabilidad personal, les digo que se desentiendan de los ‘depende’ y se pregunten por qué les cuesta tanto creer cuando tantos, antes de nosotros, no han dejado tanto sobre lo que trabajar.
¡Vamos, chicos! ¿No han aprendido nada en los últimos 110 años? Pues fue por allá en 1899 cuando el jefe de la todavía boyante y miope Sociedad CIT (Cero Innovación & Tecnología), el comisionado de Patentes de Estados Unidos, Charles H. Duell, afligidísimo entonaba: “¡Todo lo que se podía inventar ya se ha inventado!”. Pero, en retrospectiva, no podemos sino exclamar: “¡Qué estupidez decía!”. Y, con todo, demasiados hoy expresan el mimo tipo de apesadumbrada desesperanza.
¡Nos repondremos!, y dejen de sorberse los mocos suspirando, porque apenas si hemos comenzado a rascar la superficie de lo que es posible cuando tomemos la masiva inteligencia apretujada en los sistemas de información y nos dediquemos a difundirla en los coches, dispositivos, edificios, herramientas, maquinaria, sistemas de agua, prospecciones petroleras, salud y mucho más.
En una alocución, hace un año, el CEO de IBM, Sam Palmisano, brindaba esta perspectiva: “El transistor, inventado hace 60 años, es la base de la era digital. Ahora piensen en un mundo donde haya, por cada ser humano, mil millones de transistores, cada uno de los cuales cueste una diezmillonésima de centavo de dólar. Esto lo tendremos para 2010. Probablemente habrá 4,000 millones de suscriptores de teléfonos móviles para finales de este año… y 30,000 millones de etiquetas de identificación por radiofrecuencia, que se fabricarán en el mundo entero, de aquí a dos años. En ecosistemas enteros –cadenas de suministro, redes médicas y ciudades se insertarán sensores… incluso en sistemas naturales, como los ríos”.
Sí, es una visión de gran alcance, pero eso es lo que se requiere. Tómala y extiéndela a tu propio negocio. Por ejemplo, artículos deportivos: ¿cómo una raqueta de tenis inteligente mejoraría el rendimiento de un tenista? ¿Qué lograríamos con más inteligencia en las herramientas para el manejo de la energía, más inteligencia en los medidores, en los motores, en los cortacésped y hasta en los guantes? ¿Más bicicletas inteligentes y en lo que sea?
¿Quién va a conectar todas esas cosas de manera que el cliente las pague? ¿Quién realizará diferentes combinaciones de todos los datos que esos artilugios inteligentes están escupiendo y las convertirán en intuiciones?
La respuesta es la que siempre ha sido: serás tú o será tu competidor. Así que ¡a moverse!





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