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¿NUBES BAJAS O NIEBLA?

Con más y más rapidez, el cloud computing va permeando en empresas menores, como start-ups, en buena medida por sus ventajas de precio.

 Las previsiones sobre IT esperan nubes desperdigadas, en el sentido de que el cómputo en nube (o cloud computing) se avizora ya en el horizonte. Y es que tanto CIO como entendidos en el tema coinciden en que este modelo de entrega de servicios está llegando más lentamente a las grandes organizaciones que a las más pequeñas, sobre todo porque les conviene desde el punto de vista de las finanzas.

En un encuentro organizado en octubre del año pasado por la firma alemana SAP, el co-fundador de Sand Hill Group, M.R. Rangaswami, presidió el intento de llegar a un consenso sobre la definición de cloud computing, pero ésta se mantuvo evasiva. Los cínicos podrían preferir la insistencia del CEO de Oracle, Larry Ellison, en cuanto a que el término no es más que palabrería mercantil, o la afirmación del gurú del software libre, Richard Stallman, quien considera que el cloud computing es una trampa.

Si bien todo ofrecimiento de cómputo en nube se debe sopesar (no sea que, en efecto, se trate de marketing enredoso o algo que trae consigo un riesgo), son definiciones demasiado generales como para significar algo en los casos particulares. En otras palabras, todo negocio tiene diferentes necesidades y no todo servicio de cloud computing puede satisfacer esas necesidades.

 

LA IDEA ES CREAR VALOR. Luis Villa, estudiante de Leyes de la Universidad de Columbia y blogger tecnológico, observaba recientemente, en un blog, que existen en realidad cuatro clases de nubes: las aplicaciones tradicionales que se hospedan en otra parte (Salesforce.com), los servicios de datos que no se pueden manejar -aún- localmente (Google Maps), los servicios que vuelven técnica y económicamente posible la creación de nuevos datos y los servicios que brindan cómputo y almacenamiento, más que datos (Amazon Web Services, AWS).

Vishal Sikka, CIO de SAP, describió en la citada conferencia tres clases de nubes: las plataformas Google App Engine y las estilo AWS; las nubes subcontratadas, que corren corporativos como HP e IBM, y las nubes que las propias compañías manejan. Sostuvo que los grandes proveedores de software empresarial, como SAP u Oracle, todavía tienen un lugar donde conjuntar las nubes o, en el caso de la teutona, impulsar la visión que tiene de su suite empresarial como aplicación suelta que, a la postre, servirá para las necesidades de todo negocio.

Entre las descripciones de cloud computing que se escucharon en la conferencia de SAP, los servicios de AWS eran los más citados. En ese caso, la nube queda definida con suma claridad: una plataforma de infraestructura de computación que se cobra por tiempo de utilización y ya.

Se dijo que este modelo de entrega de servicios presenta las siguientes características básicas: escalabilidad transparente, facturación según su uso y operación fuera de la empresa. En un sentido más vasto, el cloud computing se puede pensar como la urgencia de dejar de preocuparse por cómo fluyen los bits en una corporación, para enfocarse en cómo el flujo de los bits puede crear valor para el negocio.

Bajo tal definición, los Amazon Web Services se quedan cortos. Como lo señaló Navin Chaddha, gerente del Mayfield Fund, en una discusión con el panel citado: “AWS todavía no está maduro”. Ante esto, él ve la oportunidad de que nuevas compañías contribuyan al manejo de la nube, para hacer que las IT desaparezcan. Si la nube es, en verdad, cómputo como utilería, como lo indicarían ciertas definiciones, las complejidades de la codificación y de las redes deberían quedar invisibles para los clientes del cloud computing, del mismo modo como la energía eléctrica llega a las casas sin que la vean o estén atentos los usuarios.

 

Muchas de las start-ups que permitirán esa transparencia todavía no se inauguran, pero Chaddha y otros entendidos de la materia esperan verlas pronto. Ahí está la oportunidad, consideran. Algunas de esas start-ups que podrían ser facilitadoras de la nube, como Zuora, servicio de suscripción de facturaciones y pagos recurrentes de los negocios en línea, ya se fundaron.

 

 

LOS GANONES. El cloud computing funciona mejor para las start-ups, por el momento. Las grandes organizaciones todavía no se sienten a gusto con ese concepto.

 

“Colocar la información en la nube se siente como una caída libre -dice Carolyn Lawson, CIO de la Comisión de Compañías de Servicio Público de California, en Estados Unidos-. No hay nada que yo pueda agarrar y tocar”.

Como CIO de una entidad gubernamental, Lawson debe tomar en cuenta normas que no se aplican a la mayoría de las start-ups. “Yo soy responsable personalmente de lo que ocurre con los datos que tengo a mi cargo”, explica.

Esto no significa que la directora de sistemas no pueda o no quiera hacer cosas en la nube, pero lo que Lawson sí afirma es que necesita estar segura en mayor medida de que los servicios de cloud computing son de fiar y seguros. Esto significa contratos de niveles de servicio estrictos, certificaciones en torno a la seguridad y portabilidad garantizada de los datos, entre otras cuestiones.

Otras corporaciones ven las cosas de diferente manera. “Me siento más cómodo si mis datos están en el centro de datos de Oracle, que si residen en mi departamento IT de 40 personas”, afirma Anthony Hill, CIO de la Golden Gate University, alma máter que ha abrazado el modelo de la nube.

Para cuando la conferencia mencionada concluyó, no estaba del todo claro dónde se formarán las nubes o que forma irían a tener. Pero para las compañías que desean construir una infraestructura IT sin mayor gasto de capital, el futuro del cloud computing luce brillante.

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